"Cambiar el pasado"Artículos destacadosTraumas, duelo y luto

La persona que ha vivido un acontecimiento traumático atraviesa fases diferentes en la manifestación del TEPT y el trastorno puede evolucionar gradualmente en otras direcciones. El TEPT, en efecto, desemboca con frecuencia en sistemas perceptivos-reactivos disfuncionales diferentes, como por ejemplo, un trastorno fóbico, obsesivo compulsivo o depresivo (…)

El trastorno fóbico

La aparición de un trastorno fóbico es la evolución más común de un TEPT y se verifica cuando la evitación conductual se convierte en la reacción dominante del paciente, a menudo unida a la solicitud de ayuda hacia las personas que le rodean. Las evitaciones pueden limitarse a ciertas situaciones o a ciertos objetos (en este caso, a menudo, desarrollando una fobia específica) o generalizarse de forma gradual, partiendo de las situaciones más cercanas al trauma hasta llegar a evitar la mayor parte de las actividades cotidianas o solicitar la presencia continua de otras personas como “ayudantes” en caso de malestar o dificultad.

De este modo, la vida diaria resulta gravemente invalidada y la persona acaba por quedar atrapada en el interior de un trastorno agorafóbico grave.

Trastorno obsesivo compulsivo

Otra situación más bien frecuente es la evolución del TEPT en un trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Se trata de aquellos casos en que la persona se forja la ilusión de poder prevenir el hecho de que se vuelvan a presentar las imágenes de una experiencia traumática mediante la ejecución de rituales “propiciatorios”, que pueden ser de tipo mágico o racional, o bien pone en práctica rituales “reparatorios” con el objetivo de anular los efectos de la experiencia traumática (…)

Una mujer que ha padecido un abuso puede esforzarse cada día en largos rituales reparatorios de lavado y descontaminación, con la idea de eliminar así los efectos de la violación padecida.

La persona desarrolla un real y auténtico trastorno obsesivo-compulsivo en cuya base se estructura la creencia de que un determinado comportamiento o ritual tal vez le salve de la posibilidad de volver a vivir un evento traumático o le alivie de la angustia ligada al trauma vivido.

Las personas que han sufrido un evento traumático acaban, a menudo, por cerrarse, aislándose del mundo y desarrollando un trastorno de abuso o dependencia de sustancias como último recurso para gestionar los devastadores efectos del trauma. La sustancia se convierte en otra solución intentada para tomar la distancia del acontecimiento traumático, lo que lleva a la persona no solo a fracasar en su intento de olvidar el pasado, sino a desarrollar un ulterior problema: la dependencia.

Trastorno depresivo

Otra evolución común del trastorno por estrés postraumático se dirige hacia el trastorno depresivo. Puesta frente a sus propios intentos fallidos de olvidar el evento traumático y de superar sus efectos, la persona a menudo manifiesta un marcado sentido de impotencia y una tendencia a la renuncia. Con el tiempo, estas personas parecen pasar de un estado caracterizado por una batalla del control del pensamiento (olvidar y buscar el significado) a un estado de rendición.

Este mecanismo ha sido muy bien analizado por Bandura (1997), el cual, al hablar de “impotencia aprendida”, pone de manifiesto que las personas suelen desarrollar una tendencia a la renuncia si se hallan frente a un estrés continuo sobre el que no logran ejercer ningún control.

En este caso, la depresión no parece la reacción primaria al evento traumático en sí, sino más bien al punto final de la extenuante lucha que la persona ha entablado consigo misma en el intento fallido de eliminar el recuerdo del trauma, o el efecto último de repetir sus coping reactions fallidas.

Todos los casos arriba descritos tienen en común la que, en términos de diagnóstico clásico, se define como “comorbilidad” entre varios trastornos, es decir, la presencia simultánea de diversos cuadros sintomáticos en la misma persona. En estos casos, el terapeuta estratégico se ocupará de desbloquear en varios niveles el malestar de la persona, partiendo de los síntomas más invalidantes hasta la completa superación de los diversos trastornos y a la reorganización de su sistema perceptivo-reactivo.

 

(Extraído de aquí)

 

(Las pinturas son de Otto Dix, un pintor obsesionado con el horror y el dolor de la Segunda Guerra Mundial)

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