¿Qué es la depresión?

Para la terapia breve estratégica, la depresión no es exactamente un estado de tristeza. Se puede estar triste, por ejemplo, debido a la pérdida de un ser querido, y no padecer de depresión, y se puede estar deprimido sin una tristeza evidente. La tristeza, por tanto, no debe ser un indicador de un estado de ánimo depresivo, sino el estado de renuncia, el abandono, el actuar (o dejar de actuar) como si nada tuviese sentido ya. Se trataría de un estado de rendición como modo de vida, por el que el deprimido deja de ser protagonista de su biografía y pasa a ser un mero espectador.

Este estado de rendición puede ser parcial, es decir, en solo algún/os aspectos de la vida (lo relacional, por ejemplo) o total. Frecuentemente, el estado parcial deriva en total.

¿Cómo se trata la depresión según la Terapia Breve Estratégica?

En primer lugar, se aplican varias técnicas creadas específicamente para hacer salir de este estado de rendición. Para ello, se buscará modificar la percepción negativa y derrotista con técnicas de lógica paradójica. Una vez que la persona comienza a recobrar bríos, se aplicarán estrategias que ayuden en la práctica a retomar la vida y reactivar la acción, lo que es fundamental para dotar de sentido a la existencia del deprimido.

Pero además, la terapia tratará de reestructurar y “reorganizar” la creencia o certeza que ha dado lugar al estado de renuncia, puesto que la depresión es la consecuencia de una batalla mental, tras la que la persona se ha rendido. Por ejemplo: “aquello que hice fue imperdonable y ya nada tiene sentido” o “todo me sale mal, para qué vivir”, etc. Es por esta razón que la comunicación persuasiva es especialmente relevante, además de la técnica, en el tratamiento de la depresión.

La depresión, por tanto, está muy ligada a la paranoia, entendida como “certeza” y rigidez en la forma de pensar y de percibir la realidad, y el tratamiento tendrá en cuenta la necesidad de flexibilizar este sistema perceptivo-reactivo del paciente, para mantenerlo en adelante a salvo de la depresión. Así que estamos hablando de una terapia que no es superficial, sino profunda, y con efectos que se prolongan en el tiempo.

¿En qué se diferencia de otras terapias?

  • La terapia no trata de “animar” al paciente o de “zarandearlo” para que valore más su vida, puesto que precisamente estas soluciones frecuentes son errores que empeoran la situación
  • El tratamiento comienza por la modificación de la percepción del paciente (cómo siente la realidad y cómo la interpreta) y no por la modificación de su cognición (sus creencias, lo que piensa de la vida). Por esta razón, la terapia no se convierte en una discusión de ideas como modo de solución, y el tratamiento se abrevia.
  • Las técnicas para tratar la culpa, los pensamientos obsesivos, el dolor, la rabia, el propio estado de renuncia, son siempre específicas, nunca técnicas generales que se apliquen en el tratamiento de cualquier patología. Se diseñaron ad hoc para desactivar el problema concreto, para romper el círculo vicioso de percepción-reacción. Además, se trata de estrategias enfocadas al presente, al aquí y ahora del paciente, y no a su pasado.
  • La comunicación persuasiva y analógica tiene especial relevancia. Este tipo de comunicación sortea la resistencia del paciente e impacta con fuerza en su hemisferio derecho, haciendo más efectivo y breve el tratamiento.
  • El paciente se siente protagonista de su cambio y aprende rudimentos específicos que aplicar cuando aparecen los problemas.

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