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El dilema del erizo

En un día muy helado, un grupo de erizos que se encuentran cerca sienten simultáneamente la necesidad de juntarse para darse calor y no morir congelados. Cuando se aproximan mucho, sienten el dolor que les causan las púas de los otros erizos, lo que les impulsa a alejarse de nuevo. Sin embargo, como el hecho de alejarse va acompañado de un frío insoportable, se ven en el dilema de elegir: herirse con la cercanía de los otros o morir. Por ello, van cambiando la distancia que les separa hasta que encuentran una óptima, en la que no se hacen demasiado daño ni mueren de frío.

ARTHUR SCHOPENHAUER

¿Quién fue Schopenhauer?

El padre del pesimismo metafísico, es uno de los filósofos más populares en España e Hispanoamérica.

Arthur Schopenhauer nació en Danzig, en la actual Polonia, hijo de un padre que se volcó en su educación y de una madre novelista a la que detestaba cordialmente y que le devolvía igual “cariño”. Casi adolescente viajó por Francia e Inglaterra para conocer el mundo: la muerte de su padre -quizá un suicidio- le ahorró el disgusto de tener que dedicarse al comercio y le proporcionó una renta suficiente para poder practicar la filosofía, su auténtica vocación.

Recién cumplidos los treinta años publicó su obra fundamental, El mundo como voluntad y representación, que para su gran indignación pasó inadvertida durante décadas.

Aunque veneraba a clásicos como Platón, Hume o Goethe (a quien había tratado personalmente en las reuniones literarias que organizaba su madre), para Schopenhauer el mayor genio filosófico de todos los tiempos fue Kant.

La realidad como representación

Schopenhauer asume que lo que conocemos de la realidad no es más que nuestra representación de lo que hay, lo que Kant denominaba el “fenómeno”. Pero esta representación no proviene de nuestro entendimiento sino de nuestra intuición vital, a partir de la cual operará después la razón y sus conceptos abstractos. Es el conjunto de ilusiones producidas por nuestros deseos y apetencias vitales, que encubren lo que nos interesa y embellecen lo que prefieren.

Porque lo que de verdad cuenta para nosotros del mundo es lo que la voluntad que fundamentalmente nos constituye quiere de él, una demanda infinita que siempre desea más y más, sin contentarse nunca con nada, anhelando algo nuevo en cuanto conseguimos lo que habíamos apetecido. En verdad no es nuestra razón idealista la que dirige cuanto queremos, sino nuestro salvaje e inconsciente querer el que domina cuanto entendemos y razonamos. El mundo es dolor, porque el querer nunca está satisfecho y todo lo que existe es puro apetito de obtener más y más, sin tregua ni objetivo final.

El dilema de los erizos: metáfora de la vida social

Un ejemplo de su perspectiva pesimista es la fábula “el dilema de los erizos en invierno” como metáfora de la vida social: cuando llega el frío invernal, los erizos se arriman unos a otros para darse calor; pero no pueden acercarse demasiado porque se pinchan con las púas de sus semejantes y deben guardar las distancias: lo mismo que los humanos buscamos la compañía de los demás para no perecer de soledad y hastío, pero no podemos frecuentarnos demasiado de cerca sin herirnos unos a otros con nuestras ambiciones opuestas.

(“Historia de la filosofía. Sin temor ni temblor” por Fernando Savater. Espasa)

  

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