Historias curativasComprobando la realidad

En su lecho de muerte una mujer joven hace jurar a su marido que no se comprometerá con ninguna otra mujer: “Si faltas a tu promesa vendré en espíritu y no te dejaré vivir tranquilo“. El marido al principio mantiene su palabra, pero al cabo de unos meses conoce a otra mujer y se enamora de ella.

Muy pronto empieza a aparecérsele un espíritu cada noche que le acusa de hacer faltado a su juramento. Para él no hay duda de que se trata de un espíritu, pues el fantasma nocturno está informado de todo lo que pasa cada día entre él y su nueva amiga. También conoce exactamente sus pensamientos, esperanzas y sentimientos. Como la situación se le hace insoportable, el hombre decide ir a pedir consejo a un maestro zen.

Vuestra primera mujer se ha convertido en espíritu y sabe todo lo que vos hacéis -le declara el maestro-. Todo lo que vos hacéis o decís, todo lo que dais a vuestra prometida él lo sabe. Tiene que ser un espíritu muy sabio. En verdad tendríais que admiraros de un espíritu tal. Cuando se os aparezca de nuevo haced un trato con él. Decidle que sabe tanto, que vos no le podéis ocultar nada y que vais a romper vuestro compromiso, si os contesta a una sola pregunta

“¿Qué pregunta he de hacerle?, inquiere el hombre.

El maestro responde: “Tomad un buen puñado de guisantes y preguntadle por el número exacto de guisantes que tenéis en la mano. Si no os sabe responder, sabréis que el espíritu no es más que un producto de vuestra imaginación y ya no os molestará más”.

Cuando a la noche siguiente apareció el espíritu de la mujer, el hombre le alabó profusamente por su gran sabiduría.

Efectivamente -respondió el espíritu-, lo sé todo y sé que hoy has ido a ver al maestro zen.

Y ya que sabes tanto -prosiguió el hombre-, dime cuántos guisantes tengo en la mano.”

Y ya no hubo espíritu alguno para responder a esta pregunta.

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