"Las prisiones de la comida"Artículos destacadosTrastornos de alimentación"Tres mujeres bebiendo" Fernando Botero

Para las pacientes boterianas, o se, esas pacientes bulímicas mayores de cuarenta y cinco o cincuenta años para las cuales comer representa un placer irrenunciable a causa de su singular situación de evolución familiar. Con este tipo de personas la paradoja si haces uno haces cinco a menudo fracasa, en el sentido de que la prescripción no funciona (comen hasta quince, veinte…sin límites) o bien no se adhieren a ella o encuentran alguna manera de tergiversarla.

El conflicto entre el deber y el placer

A través de nuestra investigación-intervención se puede ver cómo el sistema perceptivo-reactivo de estas personas se caracteriza por una dinámica conflictiva que se establece entre el deber y el placer, para la cual cualquier imposición de deber abre la puerta a una transgresión de placer. De hecho, se trata de personas que tienen una enorme dificultad para controlar el propio instinto de placer.

En la mayoría de los casos, estas pacientes bulímicas tratan de frenarse y de comer solamente comidas “buenas” (dietéticas) y evitar así las comidas malas (calóricas), pero precisamente por esto ceden a la tentación del placer y acaban devorando también las “comidas malas”. Si a estas personas se les propone, aunque sea mínimamente, la idea de ponerse un límite (como por ejemplo con la paradoja si haces uno haces cinco) habitualmente responden con una transgresión mayor. Por eso es necesario guiar a estas pacientes bulímicas hacia la eliminación de cualquier orden alimentario construido a partir de una división entre comidas “buenas” y “malas”, cualquier limitación y, sobre todo, conducirlas a que se permitan una relación con la comida por puro placer, y que solo coman lo que más les gusta.

La maniobra de la aceptación del placer para las bulímicas boterianas

Tras haber eliminado cualquier prohibición que pueda parecer una limitación, se les ayuda a buscar placer en la comida y a gozar todo lo que puedan, mediante una maniobra que hemos definido aceptación del placer:

Quiero que desde ahora y hasta la próxima vez que nos veamos, usted evite ponerse límites con la comida, al contrario, coma todo lo que se le antoje por puro placer. ¿Sabe una cosa? Si me permito comer lo que quiero y sobre todo me comprometo en comer solo lo que a mí me gusta más, las tentaciones desaparecen, no tengo más ganas de transgredir porque lo puedo comer, si en cambio me pongo límites, tendré ganas de transgredirlos: si me lo permito podré renunciar  a esto, si no, será irrenunciable.

De manera que en este momento usted tiene que ignorar cualquier prescripción y permitirse comer solo lo que le gusta, lograr gozar todo lo que pueda de la comida. Evite comer cosas que no le gustan solo porque son “buenas”, es decir poco calóricas, que hacen bien. Coma solo por placer. Durante esta semana usted hará lo que no ha hecho durante toda su vida: permitirse comer lo que le gusta, es más, como solo lo que le gusta, es la mejor manera de reestablecer un equilibrio.

Aceptación del placer

Un placer mayor

A esta categoría de pacientes bulímicas es fundamental enseñarles a adquirir el placer de la comida y a permitírselo para poder controlarlo y manejarlo. El terapeuta tiene que lograr guiarlas hacia un placer mayor que el anterior, de lo contrario el cambio no se producirá. Cuando un trastorno se apoya en un placer irrenunciable, el cambio solo puede producirse a través de un placer mayor: “El límite de cada placer es un placer mayor”.

Para eso hay que guiar a las pacientes bulímicas no solo a permitirse el placer, sino también a buscarlo y a destilarlo cada vez más, haciéndoles experimentar la experiencia emocional correctiva del placer concentrado. El efecto habitual de esta prescripción estriba en que la cantidad de los atracones se reduce a causa de la búsqueda de un placer cualitativo.

Una vez más se logra “surcar el mar a espaldas del cielo”. Esta benévola concesión que las pacientes bulímicas se permiten, siguiendo las indicaciones del terapeuta, se convierte efectivamente en una manera de reequilibrar su relación con la comida, dado que interaccionan con esta no ya por deber sino por placer. En general, después de unas semanas, estas personas empiezan a comer con gusto pero de manera limitada con respecto a la cantidad, y comienzan a adelgazar.

La aceptación del placer, por otro lado, pone de manifiesto una exigencia real de estas pacientes bulímicas, transformando su solución ensayada disfuncional (comer por placer) en una solución funcional. En estos casos no se hace por tanto la intervención habitual del bloqueo y sustitución de las soluciones ensayadas, sino que se reorienta la misma solución intentada cambiándole su sentido. Esta maniobra resulta muy eficaz y determina por sí sola, en la mayoría de los casos, el completo desbloqueo de la sintomatología bulímica.

Las prisiones de la comida

(Extraído de aquí)

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