Terapia EricksonianaTrastornos de alimentaciónBotero

Habla Erickson:

Una mujer vino a verme y me dijo: “Peso 90 kilos. Hice dieta bajo control médico centenares de veces, con éxito. Quiero pesar 65 kilos. Cada vez que bajo de peso hasta los 65, corro a la cocina para celebrar mi triunfo y ahí mismo me vuelvo a echar todos los kilos encima. Ahora peso 90. ¿Puede usted ayudarme, mediante la hipnosis, a bajar a 65? Estoy de vuelta en 90 kilos, por centésima vez.”

Le dije que sí, que podría ayudarla a reducir su peso mediante hipnosis, pero que a ella no le gustaría lo que yo iba a hacer. Me contestó que ella quería pesar 65 kilos y que no le importaba lo que yo hiciese. Le dije que para ella sería un poco doloroso. Me contestó: “Haré cualquier cosa que usted diga”.

Bien, dije yo. Quiero que me de su promesa más absoluta de que seguirá mis consejos al pie de la letra.

Me lo prometio de inmediato y la puse en estado de trance. Volvi a explicarle que a ella no le gustaría mi método para bajar de peso. ¿Me prometía fielmente que iba a seguir mis consejos? Así lo hizo.

Entonces le dije: “Haga que presten atención tanto su mente consciente como su mente inconsciente. Esto es lo que hará: su peso actual es de 90 kilos, yo quiero que aumente 10 kilos más; cuando llegue a pesar 100, en mi balanza, podrá empezar a bajar”.

"Pensando" BoteroLiteralmente me imploró de rodillas que la librara de cumplir su promesa. Y con cada kilo que ganaba se volvía más insistente en que le permitiera empezar a bajar de peso. Cuando llegó a pesar 95 se puso tremendamente afligida, y me imploró que la librara de la promesa. Al llegar a 99 me dijo que ya era suficiente, que ya estaba muy cerca de los 100, pero yo no di mi brazo a torcer: tenía que pesar 100 kilos.

Cuando llegó a los 100 kilos se puso muy contenta de poder empezar a bajar. Y cuando bajó a los 65 dijo: “Nunca más voy a aumentar”

Su pauta había sido bajar de peso y después subir. Yo se la invertí: la hice subir primero y bajar después. Y ella quedó muy satisfecha con el resultado y mantuvo ese peso. No quería padecer nunca más esa horrible agonía de aumentar 10 kilos.

En esta paciente el aumento de peso ya no es una señal de rebelión o expresión de algún deseo, sino algo que se le impone como una coacción. Como consecuencia, así como antes le molestaba tener que perder peso, ahora le molesta tener que ganarlo.

En “Es pecado” Erickson ejemplificó de qué manera a veces es preciso ayudar a un paciente a “quebrantar las prohibiciones”, aquí muestra que con frecuencia es útil hacerles modificar sus pautas. En este caso, simplemente le hizo invertir a la mujer su pauta de aumento y disminución de peso. Hecho esto, ella no pudo volver a repetir la misma secuencia de toda su vida. Aparentemente, había aprendido a tolerar el aumento de peso sólo hasta los 90 kilos. Vemos esto en muchos casos de obesidad: los obesos tienen un cierto nivel de tolerancia a partir del cual sienten una urgente necesidad de rebajar.

Al obligar a esta mujer a superar dicho nivel de tolerancia, Erickson logró hacérselo intolerable.
Este método de invertir pautas habituales o de mirar las cosas de manera opuesta era uno de los favoritos de Erickson para modificar disposiciones mentales. Le gustaba mostrar a sus pacientes un libro llamado Topsys & Turvys (cabeza arriba, cabeza abajo), cuyas ilustraciones y relatos cambiaban de significado al invertir el volumen.

"The bath" Fernando Botero

Otra muchacha estaba marcadamente excedida de peso. Le puntualicé lo siguiente: “Usted está excedida de peso. Ha hecho una dieta tras otra sin resultado. Y me dice que puede guardar una dieta por una semana, o dos o tres semanas incluso, pero luego la abandona y se harta de comida. Eso la desespera y se harta todavía más.
Bien, le daré una indicación médica. Continúe con la dieta que le señaló su médico en el pasado. Siga con ella dos semanas, o tres, si puede. Luego, el último domingo de la tercera semana, llénese hasta el hartazgo; es una orden médica.

Puede hartarse de comida hasta neutralizar todo lo que rebajó en esas tres semanas. Y puede hacerlo sin sentimiento de culpa, porque por indicación médica debe comer hasta el hartazgo todo el día domingo. Y el lunes siguiente retome la dieta. Manténgala tres semanas, si puede, y luego entréguese a otro día de comilona sin sentir culpa alguna”.

Esta última carta que recibí de ella me dice que debe haber un mejor camino hacia la dieta que aguantar el hambre durante tres semanas. Quiere tener hambre todos los días y gozar de la cantidad apropiada de comida todos los días. Los días de comilona le han dado la fortaleza necesaria para soportar la dieta esas tres semanas.

Este método entra en la categoría de “prescripción del síntoma”. Erickson encomienda a la paciente hacer exactamente lo mismo que venía haciendo: continuar la dieta por tres semanas, “si puede”, y luego hartarse de comida. Todo lo que él modificó fue la cantidad de tiempo destinado al hartazgo. Si una pauta o esquema puede ser modificado, aunque sea en pequeña medida, existe la posibilidad de un cambio ulterior. Como hemos visto ya muchas veces, éste es uno de los enfoques terapéuticos básicos de Erickson: comenzar por un cambio pequeño.

 

(De “Mi voz irá contigo. Los cuentos didácticos de Milton Erickson”. Paidós)

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