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Parálisis histérica de la lengua

Eran una pareja atractiva (…) Explicaron que tenían un serio problema, cuyo tratamiento por otras terapias había fracasado. La esposa padecía una parálisis histérica de la lengua, que se le ponía rígida y apenas le permitía hablar. Solo mascullaba algunas palabras y emitía sonidos extraños en su afán de hacerse entender. El síntoma solo desaparecía si tomaba Valium y luego descansaba durante una hora (…)

La terapeuta comentó cuán interesante y exótico era ese síntoma. Podría tratarse de la última parálisis histérica freudiana en el mundo occidental. Marido y mujer se sonrieron, y coincidieron, no sin cierto orgullo, en este comentario (…)

La terapeuta inquirió cuándo se había presentado el síntoma por primera vez (…) No se habían casado todavía; un día que estaban de visita en la casa de los padres de él, la madre les comunicó que había resuelto abandonar a su esposo. Y que dentro de una hora partía en avión hacia otro país con su hija. Quería despedirse de ellos , pero les pidió que no le dijeran nada a su esposo hasta que el avión hubiera despegado, para que le fuera imposible detenerla. La pareja obedeció, y la joven tuvo su primera parálisis histérica cuando su suegra hubo partido. Se sintió aterrada (…)

El síntoma de la mujer parecía constituir un aspecto importante de la carrera profesional de su marido (médico residente en psiquiatría), ya que le daba a él un motivo para entrar en contacto con profesores que le interesaban (…) Era un experto en el problema de su mujer, e indicó a la terapeuta qué enfoque debía utilizar en la terapia. Aunque no había conseguido ayudar a su esposa, su fracaso no era un fracaso corriente, ya que el problema mismo nada tenía de ordinario. Para que la terapia tuviera éxito había que modificar el carácter exótico del síntoma (…)

Un espasmo psicosomático

La terapeuta dijo entonces que, a su juicio, no se trataba de un caso de parálisis histérica sino de un espasmo psicosomático en un sector del aparato digestivo, la lengua, provocado por la angustia. Marido y mujer declararon, con cierta reticiencia, estar de acuerdo. Un espasmo psicosomático es menos interesante e inusual que una parálisis histérica (…)

El síntoma había sido definido ahora, no solo como una afección psicosomática (…) Sino como un fenómeno orgánico molesto dentro de una serie de fenómenos similares que podían acontecerle a cualquier terapeuta (la mujer también era terapeuta). En énfasis estaba puesto en la mujer como terapeuta. La terapeuta entonces preguntó acerca de la carrera de la esposa.

Ella habló de su inseguridad, de la rivalidad con su marido y de su incertidumbre en cuanto a si alguna vez sería una buena terapeuta, teniendo problemas emocionales tan serios (…)

Explicaron que el marido estaba más envuelto que ella en su carrera. Además, desarrollaba más vida social y pasaba los fines de semana en el club, jugando al tenis y otros deportes mientras ella se quedaba sola en casa y resentida. La esposa padecía ansiedad con frecuencia. A veces no podía dormir y se levantaba en medio de la noche con un ataque de angustia. Despertaba entonces al marido pidiéndole ayuda. Aunque no había nada que él pudiera hacer para calmarla (…)

A su juicio, el síntoma era un problema completamente individual de la esposa, vinculado con su dificultad para guardar secretos. Y no tenía nada que ver con la vida matrimonial. Así pues, la terapeuta dijo que tendría que trabajar con la esposa individualmente, sin el marido. Y todo lo que sucediera en la terapia sería un secreto entre la terapeuta y ella (…)

La metáfora expresada en el síntoma

El sistema de interacción entre marido y mujer en torno del síntoma era una metáfora de su interacción en torno a la posición inferior y desvalida de la mujer respecto al marido, así como del poder que ella extraía de esa posición. Él era el experto competente e idóneo, pero había fracasado en ayudarla (…)

Jerarquía reestructurada

Era una metáfora de la incongruencia jerárquica del matrimonio, donde marido y mujer estaban simultáneamente en una posición superior e inferior respecto del otro. Esta incongruencia era una manera poco feliz de alcanzar una relación más igualitaria y contrarrestar la superioridad del marido en su carrera y en su vida social. Al definir el problema como de comunicación excesiva y excluir al marido de la terapia, e incluso mantener a esta en secreto para él, la terapeuta modificó la jerarquía.

La esposa pasó a gozar de mayor poder y de menor desvalimiento (…) El marido tenía ahora menos poder, porque le estaba vedado socorrer a su mujer. Pero también quedaba menos desvalido, ya que dejaba de formar parte del problema o de ser responsable por su solución (…)

Le impartió entonces la directiva de esforzarse deliberadamente en tener el síntoma tres veces al día, a razón de quince minutos cada vez, durante toda la semana (…) En la siguiente sesión la joven sostuvo que había seguido la directiva y no tuvo el síntoma (…)

Conclusiones

En este caso, quedó definida una jerarquía incongruente en el matrimonio cuando la esposa, dependiente e insegura, desarrolló un síntoma histérico. Su parálisis histérica era una fuente de poder sobre el marido, y simultáneamente la situaba a ella en posición de debilidad frente a él. El marido se hallaba en posición superior a causa de la histeria de su esposa. Pero en posición inferior por su imposibilidad de ayudarla, aunque su oficio consistía en ayudar a la gente.

La terapeuta organizó a la pareja para que el poder y la debilidad ya no giraran en torno de la conducta sintomática, y recurrió a una instrucción paradójica y a la prescripción de una tarea penosa a fin de resolver los síntomas.

(Extraído de aquí)

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