"Diccionario internacional de psicoterapia"Artículos destacadosTOC y compulsiones placenterasTrastornos de alimentaciónla técnica de posponer

Técnica puesta a punto por Nardone en el ámbito de la psicoterapia breve estratégica modelo Nardone para intervenir sobre las compulsiones basadas en el placer que, a diferencia de las basadas en el miedo, son extremadamente resistentes al cambio y requieren por tanto modalidades de desbloqueo particulares.

Entre este tipo de compulsiones la más extendida es la del vomiting, evolución del trastorno alimentario basado en el ritual placentero de comer para después poder vomitar.

Habitualmente, la solución intentada por las personas que sufren este trastorno es la de tratar de controlar el atracón y el vómito, con el efecto de aumentar cada vez más el deseo del ritual.

Debido a que cualquier tipo de intervención en la dirección del control o de la represión no hace más que exacerbar la compulsión, la técnica puesta a punto incide sobre lo placentero del ritual.

La técnica del intervalo o la técnica de posponer

Se le pide a la persona que evite tratar de controlar el propio deseo de darse el atracón, pero que intente introducir un intervalo de una hora entre el final del atracón y la descarga del vómito. Sin ingerir nada durante este intervalo de tiempo.

El suplicio de Tántalo

Esta prescripción interrumpe la secuencia temporal del ritual y altera el irrefrenable placer. De esta manera, el terapeuta se apodera del síntoma a través de una maniobra terapéutica que recalca la estructura pero que invierte su sentido conduciéndolo a su autodestrucción. Esto gracias a un cambio de tipo geométrico exponencial.

El intervalo de tiempo se aumenta luego a una hora y media, dos horas… Hasta que al llegar a las tres o cuatro horas normalmente la persona, habiendo ya reducido gradualmente la frecuencia del ritual, consigue dejarlo del todo.

La técnica de posponer, alterando la espontaneidad de la secuencia de comer y vomitar, no solo quita placer al acto liberatorio de vomitar, habitualmente vivido con una urgencia casi orgásmica, sino que al aumentar el intervalo de tiempo lo hace cada vez más desagradable. Y lo transforma así en una verdadera tortura.

Además, en el momento en que las personas dejan de vomitar, se normaliza también su relación con la comida. Porque temiendo engordar, dejan de darse atracones y de consumir grandes cantidades de alimentos.

El terapeuta puede proceder, durante la terapia, a guiar a la persona a introducir espacios de placer sanos en los que han quedado libres del ritual.

(Extraído de aquí)

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