"Surcar el mar a espaldas del cielo"Miedos, fobias y pánicoTerapia Breve EstratégicaSituación de peligro

El miedo es la más enraizada y antigua de nuestras sensaciones. Contrariamente a lo que a menudo se cree, no es negativo. Porque alerta al organismo para que se active en situaciones de peligro o, por ejemplo, de rendimiento. Sin embargo, si supera un determinado umbral, entonces se convierte en un problema porque puede activarse un mecanismo peligroso que termina desencadenando el ataque de pánico:

Tengo una primera sensación desagradable, por ejemplo, una aceleración de la frecuencia respiratoria (hiperapnea) que, en cuanto tal, no quiero tener, e intento reprimirla.

El control que hace perder el control

Mi intento de controlar esta reacción incontrolable, que se dispara por debajo del umbral consciente, fracasa. Y cuanto más intento controlarla, más pierdo el control. Cuanto más intento disminuirla más aumenta. Pensemos en el aumento de la frecuencia respiratoria que, en situaciones de estrés, es la primera reacción fisiológica que manifiesta el organismo, por debajo del control consciente y en ausencia evidente de descompensación orgánica.

Progreso hacia el pánico

El incremento de la frecuencia de la respiración determina, en presencia de concentraciones normales de oxígeno a nivel hemático (98%), una reducción de las reservas de anhídrido carbónico que fluyen desde la sangre a los alvéolos pulmonares, para después ser eliminadas por los pulmones. En otras palabras, se crea una alteración del equilibrio ácido-base a nivel hemático. Como consecuencia de ello, el organismo pone en marcha una serie de mecanismos de protección a fin de reequilibrarse. Estos mecanismos (vasocontricción y broncoespasmo) van a desencadenar los síntomas clásicos que el paciente refiere. Entre ellos, dolor en el pecho, dificultad respiratoria con consiguientes vértigos, hormigueo en las extremidades, sensaciones de cabeza vacía o desvanecimiento, que siguen a la hipoxia de vasocontricción.

El círculo vicioso del ataque de pánico

TAC del cerebro

Estas reacciones, como ya se ha dicho, son fisiológicas y funcionan para que el organismo pueda reequilibrarse. Lo cual sucede en poco tiempo si no se desencadena el control consciente de la situación. La persona, asustada por estas señales, interpretadas a menudo como signo inequívoco de muerte inminente o del hecho de que el propio cuerpo está enloqueciendo, intenta bloquear lo que no es posible bloquear: una reacción fisiológica necesaria del organismo para recuperarse.

Al no conseguirlo, se agita aún más y crea un círculo vicioso por el que cuanto más se asusta más necesidad tiene el organismo de restablecer su propio equilibrio. Así, lo que en la mayoría de las situaciones es un proceso de una duración precisa y señal de que el organismo está respondiendo adecuadamente a los estímulos externos, se convierte en el famoso pico del ataque de pánico.

La intervención de la corteza cerebral y el paleoencéfalo

NeocortezaUn grupo de investigadores americanos del campo de la salud mental, precisamente en el intento de determinar lo que ocurre a nivel fisiológico al surgir el miedo, observaron a través de una tomografía axial computadorizada dos niveles de activación cerebral en el transcurso de un ataque de pánico.

Un primer nivel se relaciona con el paleoncéfalo, es decir, la amígdala, el hipocampo y el cuerpo cerúleo. Se trata de un tipo de activación que se dispara de forma espontánea, antes de que pueda intervenir el control racional. Un segundo nivel se verifica en la corteza.

Estructura del cerebroCuando el mensaje llega a la corteza, las sensaciones temidas ya han sido activadas y se entabla una lucha acérrima entre la “mente moderna” y la “mente arcaica”. La primera intenta, de manera racional, reprimir lo que pertenece al pathos, a las sensaciones. Está inevitablemente destinada a fracasar. Las sensaciones aumentan y al no ser controlables, dan aún más miedo y la persona entra en shock.

El problema se verifica, cuando las sensaciones llegan a la corteza que, en el intento de expulsar el miedo, lo hace aún más fuerte. Si yo enseño a la persona, en lugar de reducir, a incrementar las sensaciones y hacerlas aún más vívidas, se lleva a cabo lo que se ha definido como “efecto de saturación transmarginal” (Eysenck). Por este efecto, las sensaciones llegan a saturarse en el nivel de la mente arcaica. Y quedan de esta forma reprimidas antes de llegar a la mente moderna.

Echar más leña al fuego
"¡Más madera!"

¡Más maderaaaaa!

En otros términos, así como la mejor manera de apagar un fuego consiste en añadirle mucha leña hasta hacerlo sofocar por falta de oxígeno, del mismo modo para vencer el miedo el modo más funcional y menos oneroso consiste en llevarlo a su saturación intentando incrementarlo.

En vez de escapar o de intentar controlarlo, lo busco, lo incremento. Y evito darle aquel poder por el que se convierte cada vez en más poderoso. El miedo ya no es miedo sino que se convierte en valor. Y vuelve a ser un recurso en lugar de un límite.

 

(“Surcar el mar sin que el cielo lo sepa. Lecciones sobre el cambio terapéutico y las lógicas no ordinarias”. Giorgio Nardone y Elisa Balbi. Herder)

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