"Psicotrampas"Miedos, fobias y pánicoOtros trastornosTerapia Breve Estratégica

La tendencia a posponer situaciones temidas o molestas es parecida a la evitación y a la renuncia. Sin embargo, si se analiza con atención, este guión funciona de forma muy diferente. El aplazamiento, en efecto, es una estrategia más sutil: ni renuncio ni evito, me digo a mi mismo: “Lo haré más tarde o mañana, en el futuro“. Esto no implica ceder ante nuestra debilidad, sino creer que somos capaces de hacer lo que estamos aplazando como si fuera una acción voluntaria o basada en nuestros deseos. Pero antes o después el truco se desvela y de pronto, cuando ya no nos queda otra que enfrentarnos a ciertas situaciones, nos damos cuenta de forma dramática de lo insano que es el autoengaño en el que hemos caído.

Un koan japonés afirma: “La disposición a postergar anula la voluntad y hace medroso al hombre“. En efecto, el aplazamiento, como un virus, debilita nuestra iniciativa y nos hace cada vez menos capaces de actuar de forma voluntaria.

Desde el punto de vista del resultado, es indiferente si aplazamos por la molestia de tener que hacer algo que no nos gusta o por el miedo a una determinada situación: en ambos casos nuestra capacidad de decisión y la de afrontar la realidad se verán anuladas hasta quedar anuladas. Esto implica quedarse indefenso y ser incapaz de tomar cualquier iniciativa, mientras nos recluimos en nuestro mundo imaginario y protector.

Cómo dejar de procrastinar

Empezar a temer el aplazamiento: el miedo terapéutico es el corrector más potente para nosotros mismos. En este caso, plantearse diariamente la sucesión de efectos devastadores que el aplazamiento puede ocasionar en nuestra vida es la mejor manera de activar nuestras reacciones aversivas respecto a este guion. En general, imaginar un escenario futuro espeluznante aparta del inmovilismo incluso a los sujetos más indolentes. Después de un poco de práctica disciplinada para evitar posponer aquello que debemos hacer, nos saldrá de forma natural y estará motivado por las grandes ventajas obtenidas.

En efecto, después de un poco de práctica disciplinada nos resultará bastante natural evitar el aplazamiento de aquello que debemos hacer, como consecuencia del nuevo hábito que hemos adquirido o de las ventajas que inevitablemente produce la instauración de este hábito. El gran psicólogo William James sugiere: “Si los jóvenes supieran con qué sutileza nos dominan los hábitos, pondrían mucha más atención en su adquisición”.

(Extraído de aqui)

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