Terapia EricksonianaLa mujer no hipnotizable

Una mujer acudió a su primera cita en la consulta de Erickson para tratar lo que parecía ser un estado de extrema ambivalencia. Erickson interpretó su conducta como vacilante e incierta, aunque entró en la consulta con paso firme y desafiante. Se sentó en su sillón en una posición rígida con las palmas de las manos apretadas contra las rodillas.

Se presentó a si misma describiendo el fracaso de sus anteriores médicos que habían pasado hasta treinta horas intentando hipnotizarla sin éxito.

Luego añadió: “Todos ellos me dijeron que era demasiado resistente a ser hipnotizada, pero todos dijeron que usted podría hacerlo. Pero fui a los otros dos porque estaban cerca de mi ciudad. No quería venir hasta Phoenix para ser hipnotizada. Pero incluso mi médico de cabecera me ha dicho que eso me ayudaría a superar mi resistencia a la terapia”.

Erickson se dio cuenta de que ella misma no podía entender su deseo de recibir una terapia que, al mismo tiempo, evitaba. De modo que estaba seriamente buscando ayuda a aquella contradicción. Tras escuchar cómo explicaba detalladamente el fracaso de los demás médicos al hipnotizarla, Erickson sintió que ella estaba intentando meterle en una competición en lugar de aceptar la terapia. De modo que respondió bruscamente:

“Bien, dejémoslo claro. Tres médicos, todos buenos, tan buenos como yo, han estado trabajando dura y largamente con usted. Descubrieron que es usted demasiado resistente, como yo también lo haré. Así que dejémoslo eso claro de una vez”.

Erickson alteró entonces la inflexión y el ritmo de su voz al declarar:

“No puedo hipnotizarla, solo a su brazo”.

La mujer de manera desconcertante respondió: “No puede hipnotizarme, solo a mi brazo…No entiendo lo que quiere decir”.

Erickson repitió sus palabras con un énfasis lento y marcado:

“Eso es exactamente lo que quiero decir. No puedo hipnotizarla”. Entonces, con una voz suave y dulce añadió: “Solo a su brazo…ve”.

Al pronunciar la palabra ve, Erickson levantó suavemente la mano de la paciente. Lentamente, él apartó los dedos y su mano permaneció catalépticamente suspendida en el aire.

Mientras ella miraba su brazo atrapado en esta posición inesperada, Erickson entonó suavemente:

“Ahora solo cierre los ojos, respire profundamente, muy profundamente dormida, y al hacerlo su mano izquierda vendrá lentamente a descansar sobre su muslo y permanecerá ahí continuamente mientras duerme profunda y cómodamente hasta que le diga que se despierte”.

Cinco minutos después de haber entrado en la consulta estaba en un profundo trance sonambúlico. (Erickson, 1964/2001d, p.30)


Erickson era un maestro en la técnica de la confusión. (…) Él utilizaba la confusión para preparar a los pacientes para el cambio. La confusión a menudo se incorporaba durante una inducción hipnótica para favorecer un estado de mayor receptividad.

Como puede verse en el ejemplo, un poco de confusión a veces es suficiente para trasladar a una persona a una perspectiva completamente nueva.

(Extraído de aquí)

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