Historias curativasBotella

Tres amigos compartían casa con un asistente doméstico adolescente, nativo de Papúa, cuyo trabajo consistía en hacer la comida y la limpieza de la casa. En general estaban contentos con su trabajo, salvo  en lo concerniente a un aspecto. Se habían dado cuenta que el contenido de su botella de brandy  menguaba progresivamente, y sospechaban que el asistente se lo iba bebiendo en secreto. El licor era caro  y ellos no querían ser responsables de su iniciación en el hábito del alcohol.

En un intento de asegurarse de la certeza de estos hechos, idearon una estratagema. Poniendo una marca en la botella podrían constatar si el nivel de la misma disminuía. No hubo duda ninguna de que el brandy continuó desapareciendo.

Una noche, al volver tarde a casa después de asistir a una fiesta en el club de golf, los tres tenían ganas de continuar un poco la diversión. Cuando decidieron tomar una última copa se dieron cuenta que el nivel de brandy había continuado disminuyendo. En su estado de cierta embriaguez decidieron darle una lección  al asistente. Llenarían el contenido de la botella con orina, volverían a colocarla en la estantería y  esperarían a ver lo que sucedía.

Pasaron varios días y el brandy seguía desapareciendo. Sintiéndose culpables de su ardid, decidieron decírselo cara a cara al asistente. Cuando le preguntaron si había estado bebiendo su brandy, él contestó: “No, no señores, lo he estado utilizando para cocinar.

1 comentario

  1. Hola Alicia, con esta historia, nos damos cuenta de que es verdaderamente importante el diálogo ante la duda que tenemos de los demás. Y Como dice un dicho: “todo lo que siembras, lo cosechas”.

    Muchas gracias por compartirlo, buena reflexión.

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