"Adolescentes violentos"DepresiónNiños, trastornos de conducta y familiaTrastornos psicológicosSuicidio y parasuicidio en adolescentes

“El suicidio demuestra que en la vida hay males peores que la muerte”

Francesco Orestano (Pensieri, 23)

El acto o intento de quitarse la vida

La forma extrema de autoviolencia en los adolescentes es el acto o el intento de quitarse la vida. Detrás de un acto tan extremo realizado en la flor de la vida, ¿está siempre el deseo de morir o se esconde a veces otra cosa? Se trata de un tema controvertido. Ante todo hay que decir que detrás de cada acto suicida, tanto si el resultado es fatal como si no lo es, siempre hay una idea suicida.

Sin embargo, en la gran mayoría de los casos los chicos y las chicas no llegan a poner en práctica sus posibles ideales suicidas.Es importante distinguir entre suicidio auténtico y parasuicidio. El suicidio es un acto deliberado con desenlace fatal que es intentado y llevado a cabo por una persona en plena conciencia de las consecuencias definitivas de ese acto. El intento de suicidio o parasuicidio es un acto con desenlace no fatal que intenta deliberadamente el individuo y sin la intervención de otras personas, cuyo objetivo es obtener cambios en su propia situación vital a través de las consecuencias físicas esperadas o derivadas del propio acto (OMS). La diferencia no siempre es fácil de establecer, reside en el deseo real de morir por parte de quien realiza el acto.

Analizando el fenómeno

En efecto, no todos los intentos de quitarse la vida son suicidios frustrados: en muchos casos, sobre todo en la adolescencia, detrás de esos actos no se esconde un verdadero intento de morir, sino el deseo de provocar una reacción y de crear en su propio ambiente algunos cambios necesarios a través de una acción más o menos dramática (Ferraris et al., 2009).

Por consiguiente, en muchos casos el intento de suicidio debe interpretarse como una estrategia extrema para llamar la atención de los demás y para modificar una situación que se vive como insoportable.

Para analizar el fenómeno del intento de suicidio o parasuicidio es preciso tener en cuenta, por un lado, los intentos de suicidio auténticos, aquellos en los que existe una intención real de morir, pero que no se consuman por algún motivo; por otra parte, puede interpretarse como una forma de comunicación, una petición desesperada de ayuda. Sin embargo, desgraciadamente tampoco en los casos de parasuicidio las cosas ocurren como sería de esperar y, en este sutil desafío a la muerte, a veces se traspasa el límite de forma irremediable.

Identificando entre intento auténtico o mensaje desesperado

Esta distinción es esencial cuando tenemos que trabajar con un adolescente que ha realizado un intento de suicidio. Es fundamental entender si se trata de un mensaje desesperado o si ha habido un intento real de suicidio que conducirá a repetir la acción. Para ello hay que indagar de forma cuidadosa si el/la muchacho/a se halla en un “callejón sin salida” cuya única vía de escape es el suicidio y si existe una planificación precisa y meticulosa (tiempo, modo, lugar) que sirva de base para poner en práctica la idea suicida. En caso de que se descubra un plan detallado de ejecución de la propia muerte y se deduzca que el adolescente no encuentra otra vía de salida, se puede presumir que existen posibilidades de que el acto se repita y que por tanto es necesario tomar todo tipo de precauciones.

Desde un punto de vista epidemiológico, el suicidio es la segunda causa de muerte entre los jóvenes, después de los accidentes. Por otro lado, los intentos de suicidio son bastante más numerosos que los suicidios. Un dato interesante es que el intento de suicidio es mucho más frecuente entre las chicas, mientras que los suicidios consumados son más frecuentes entre los chicos, dato que tal vez puede explicarse por las modalidades elegidas: más violentas y letales en los chicos (ahorcamiento, salto al vacío, sobredosis) que en las chicas (corte en las venas, abuso de fármacos) (Ferraris et al., 2009). En Europa parece haber habido, desde los años ochenta, un notable aumento de las conductas suicidas entre los adolescentes (Mittendorfer-Rutz, 2006).

Los factores de riesgo

Entre los principales factores de riesgo de suicidio hay que enumerar: intentos anteriores de suicidio, consumo de drogas y ciertas condiciones psicopatológicas, concretamente trastornos del humor y los trastornos de conducta. A propósito de los factores de carácter social y relacional, los que se consideran más importantes son: conflictos familiares, discriminación, aislamiento y abuso sexual.

Entre los factores de riesgo social, hay que llamar la atención sobre el llamado efecto Werther (Phillips, 1974, 1979), según el cual la publicidad y la máxima difusión de una acción impactante provocan un efecto de sugestión y de emulación que induce a reproducir la misma acción. Por tanto, la difusión mediática (tv, prensa, foros, chats) de la noticia de un episodio puede representar un motivo en el que inspirarse para poner en práctica una conducta análoga, sobre todo por parte de los adolescentes.

Este efecto contagio se expresa también con el término “clúster”, muy utilizado para designar el fenómeno de los suicidios en cadena realizados por emulación por grupos de adolescentes. Incluso se aventuran hipótesis de pactos suicidas establecidos a través de las redes sociales, como en el caso de una larga y anómala cadena de casos de suicidios de chicos y chicas en el condado galés de Glamorgan desde el año 2007 hasta hoy.

Conclusiones

Violentos consigo mismos o con los otros, estos adolescentes representan un desafío para todas las instituciones: familia, escuela, sociedad.

A menudo la primera reacción es la condena o la consternación. Para solucionar este problema es necesario superar el primer impacto que la violencia genera en nosotros y ver los actos violentos como algo negativo en sus efectos pero con una función positiva para quien los ejerce, tanto si van dirigidos contra sí mismos o contra los demás.

Esta es la perspectiva adoptada por la terapia breve estratégica y por los autores pertenecientes al modelo de terapia breve.

(Más en “Adolescentes violentos”, Elisa Balbi, Elena Boggiani, Michele Dolci, Giulia Rinaldi. Herder)

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1 comentario

  1. Soy madre de un chico de 15, con impresión diagnóstica z91.5, entre otras.
    Investigar es una parte de mi afán por ayudarlo, por lo que su artículo me resulta ampliamente valioso.
    Gracia.

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