"Obsesiones, compulsiones y manías"Artículos destacadosTOC y compulsiones placenterasObsesión por mantener el orden

Se presenta a nuestra consulta un muchacho de 14 años, la imagen del hijo que todo el mundo quisiera tener: guapo, pulcro, inteligente (…)

En su habitación, todos los objetos han de estar exactamente en una determinada posición, y no puede permitir que su madre la limpie. Le dice: Yo limpiaré mi habitación. Al principio, la madre estaba muy contenta, pero luego, cuando entra a darle las buenas noches, se da cuenta de que el reloj, las carpetas, la cartera, los zapatos, el jersey y los objetos de adorno están siempre en la misma posición.

La madre empieza a pensar que hay algo que no funciona. El exceso de virtud se convierte en defecto (…)

La necesidad de colocar los objetos en una posición determinada es de tipo propiciatoria. Al preguntar por qué se obliga a hacerlo, el muchacho responde: Porque si las cosas no están en su sitio temo que pueda pasarles algo a mis padres. Cuando la ritualidad es preventiva, al principio es racional, pero con la repetición se transforma en un ritual mágico y propiciatorio (…)

El tratamiento para la obsesión de mantener el orden

Analizamos su preocupación por mantener el orden en su habitación. Luego acordamos empezar a introducir el pequeño desorden que mantiene el orden, esto es, elegimos conjuntamente qué objeto decide colocar en una posición distinta, luego vamos seleccionando uno cada día.

En la siguiente sesión cuenta que ha conseguido mantener en una posición distinta un bibelot, una estatuilla, un jarrón y un reloj. Uno cada día, no más. Luego aumentamos la dosis acordando cambiar el orden de dos objetos al día.

El efecto avalancha

mantener el orden

Finalmente se produce el efecto avalancha: el muchacho explica que por primera vez ha permitido que su madre le limpie la habitación. Obviamente, la madre no puede acordarse del lugar exacto donde está colocado cada objeto. Dice el chico: Me lo ha desordenado todo y me han entrado ganas de ordenarlo de nuevo, pero mientras colocaba los libros he pensado: También podría dejarlos así.

Ha conseguido mantener el desorden de su madre o, mejor dicho, el orden de la madre, no el suyo. Esta es la prueba concreta de que también ha superado este problema.

En este caso el trabajo ha consistido en desmontar gradualmente todos los tipos de ritualidad y hacer que cambiase su percepción (…) Al final de la terapia el muchacho afirmó no solo que ya no padecía trastornos sino que sentía que su percepción de las cosas había cambiado y que se sentía mucho más relajado. Gracias a esto, el muchacho empieza a tener sus primeras sensaciones eróticas y conoce a su primera novia. Es una prueba más de la curación del trastorno.

 

(Extraído de aquí)

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