Artículos destacadosPsicofármacosExperimento de Rosenhan

Mi preocupación por los métodos de diagnóstico psiquiátrico actuales no es exagerada. Se trata de uno de los principales problemas de la psiquiatría, porque hace falta muy poco para ser diagnosticado de algún trastorno. Puede ser peligroso, por ejemplo, que un paciente diga que oye voces.

El experimento de Rosenhan

En 1973, el psicólogo David L. Rosenhan publicó un conocido artículo en Science, titulado “Estar cuerdo en un lugar de locos” (traducción libre del original). Rosenhan y otras siete personas sanas acudieron a hospitales psiquiátricos y afirmaron oír voces. El objetivo era salir de allí con sus propios recursos convenciendo al personal del hospital de que estaban cuerdos.

La película “Corredor sin retorno” (Samuel Fuller, 1963)

Una vez lograban ingresar, dejaban de simular los síntomas y se comportaban de manera totalmente normal. Sin embargo, estuvieron hospitalizados una media de 19 días (Rosenhan pasó dos meses enteros allí antes de recibir el alta), y a todos les recetaron fármacos que lograron no tragarse. En total, 2100 pastillas, de distintos tipos, aunque todos los pseudoenfermos entraron con los mismos falsos síntomas. A todos se les dio el alta con un diagnóstico de esquizofrenia en remisión, y eso que su único síntoma era que oían voces, algo que puede pasarle a cualquiera.

Muchos de los enfermos ingresados en esos hospitales sospecharon que los ocho no tenían ningún trastorno, pero al parecer nadie del personal se dio cuenta. Este caso ejemplifica perfectamente el grave sesgo que existe al hacer un diagnóstico psiquiátrico. Y una vez se llega al diagnóstico, resulta muy difícil revertirlo; se queda para siempre allí (…)

Mala interpretación de comportamientos

Muchos de los comportamientos normales de los pseudopacientes (…) eran malinterpretados por el personal hasta lograr que encajaran con la teoría popular de la dinámica de una reacción esquizofrénica. El resumen del caso clínico de uno de los falsos pacientes al darle el alta ilustra esta farsa:

experimento de rosenhan

Este varón, blanco, de 39 años de edad (…) presenta un largo historial de bastante ambivalencia en las relaciones cercanas, que aparece por primera vez durante su infancia. Una estrecha relación con su madre que se enfría llegada la adolescencia.

Una relación distante con su padre, que el paciente describe como muy intensa. No se aprecia estabilidad afectiva.

Sus intentos para controlar la emotividad con su mujer e hijos se ven interrumpidos en ocasiones por ataques de ira, y en el caso de sus hijos, con azotes (…) También se aprecia cierta ambivalencia en sus relaciones de amistad.

De hecho, no había nada de ambivalente en las relaciones descritas (…) y todo habría tenido un cariz diferente si hubieran sabido que el hombre no tenía ningún problema psiquiátrico.

El resto de enfermos

Los falsos pacientes tomaron notas y observaron que el comportamiento de los enfermos a menudo era malinterpretado por los profesionales. Cuando un paciente “enloquecía” porque alguien le había tratado mal, pocas veces las enfermeras le preguntaban acerca de ello y, simplemente, asumían que su enfado estaba causado por su patología o por una reciente visita familiar (…)

Las conclusiones del experimento de Rosenhan

Rosenhan explicó que los diagnósticos acababan siendo una profecía que inevitablemente terminaba cumpliéndose

La profecía autocumplida

Al final, llega un momento en el que el paciente acepta el diagnóstico y se comporta de acuerdo con él.

Rosenhan sostiene que no deberíamos etiquetar a todos los pacientes como esquizofrénicos solo porque presenten pensamientos o comportamientos peculiares, y que sería mejor limitar la discusión a dichos comportamientos, los estímulos que los provocan y sus correlaciones.

También cree que las fuerzas psicológicas que resultan en la despersonalización son muy fuertes, y no puede evitar imaginarse qué pasaría si

  • los enfermos fueran poderosos en vez de débiles
  • fueran vistos como personas interesantes más que como meros diagnósticos andantes
  • fueran relevantes socialmente, en lugar de leprosos sociales
  • y si sus angustias realmente despertaran la empatía y la preocupación de los médicos (…)

Se negaban a los pacientes todos sus derechos legales y se les despojaba de cualquier credibilidad, solo por el hecho de estar psiquiátricamente marcados (…)

Rosenhan concluye en su artículo que en los hospitales psiquiátricos no es posible distinguir entre un paciente cuerdo y uno que no lo está, y se pregunta cuánta gente cuerda debe haber ingresada en instituciones psiquiátricas. Más aún, ¿cuántas personas que serían consideradas cuerdas fuera del hospital psiquiátrico parecen no estarlo debido únicamente a su comportamiento en un sitio tan peculiar?

Nuevos errores

En un hospital universitario y de investigación, los trabajadores, que conocían el estudio de Rosenhan, creían que este error no ocurriría nunca en sus instalaciones. Entonces, Rosenhan les comunicó que, en algún momento de los 3 meses venideros, uno o más falsos pacientes tratarían de ingresar en un hospital psiquiátrico. Se pidió a todos los trabajadores que se fijaran en si algún paciente era falso. De los 193, 41 (21%) fueron tomados con gran seguridad como falsos pacientes por al menos uno de los trabajadores. Sin embargo, ¡Rosenhan no había enviado a ningún falso paciente en esos 3 meses!

(Extraído de aquí)

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