"Obsesiones, compulsiones y manías"Artículos destacadosTOC y compulsiones placenterasTraumas, duelo y lutohomosexualidad culpa

Hace más de quince años, se presentó en mi consulta un distinguido señor de mediana edad. En cuanto entra en mi despacho empieza a explicar su problema, excusándose por no poder estrecharme la mano. Se sienta y habla ininterrumpidamente durante más de un cuarto de hora, anulando cualquier intento de intervenir por mi parte: “Si no conoce toda la historia, no puede comprender”. Finalmente, con un gesto teatral, se sube las mangas de la chaqueta y de la camisa y me enseña los brazos desollados por el uso de jabones y desinfectantes en sus prolongados lavados diarios. “Esta es la consecuencia de todo lo que he explicado, me lavo frenéticamente para limpiar el sentimiento de culpabilidad”.

Explico en qué consiste el llamado “toc homosexual”

La homosexualidad revelada y el suicidio traumático

El hombre es un profesor de filosofía que vive solo en un gran piso veneciano heredado de una tía y donde literalmente se refugió tras la muerte de su madre, con la que vivía hasta en que se suicidó arrojándose por la ventana. La madre se mató tras haber descubierto que el hijo era homosexual y había sido denunciado por intento de abusos a un menor de edad. La denuncia fue desmentida por los hechos: el muchachito que lo había acusado, tras el terrible escándalo, confesó que se lo había inventado todo, con la complicidad de algunos compañeros de clase, para vengarse de la severidad del profesor y para justificar ante sus padres su bajo rendimiento escolar.

Desgraciadamente, el infame gesto de un grupito de adolescentes irresponsables desencadenó el escándalo y la anciana madre del profesor no pudo resistir la deshonra. El sentimiento de culpabilidad por su homosexualidad y por habérselo ocultado a su madre, conociendo la rigidez de sus principios, atormenta al hijo. Por otra parte, el padre, muerto muchos años antes en un accidente laboral, siempre se había mostrado moralmente muy rígido y contrario a la homosexualidad. El hombre siempre había ocultado su condición de homosexual, y la vivía en el secreto de una relación ya virtual con un hombre casado cuyas tendencias nadie sospechaba. Los estudiantes que le habían acusado lo ignoraban y se burlaban del profesor por sus modales afeminados.

El hombre, que ya tenía tendencia a lavarse con exceso, se hundió en el abismo de una compulsión que ya no tenía un. carácter de desinfección, sino que pretendía lavar las culpas y aliviar el dolor. Declara que solo los lavajes extenuantes mitigan el sufrimiento por la pérdida y el sentimiento de culpabilidad, al que no ve remedio posible.

Atravesar el dolor para salir de él

Siguiendo el protocolo terapéutico para los trastornos postraumáticos (Cagnoni, Milanese, 2009), antes de intervenir en la sintomatología obsesiva-compulsiva fue necesario hacer que el paciente atravesara el dolor para salir de él. Por consiguiente, al final de esta primera sesión emocionalmente intensa, le prescribo que escriba todos los días la novela del trauma, como primer paso de la terapia, con la intención, ante todo, de liberarlo del sentimiento de culpabilidad, y luego con el fin de mitigar el dolor de la pérdida y elaborar gradualmente el luto. Como ocurre en la mayoría de los casos de TOC que surgen a raíz de traumas reales, en esta primera fase de la terapia se observan ya mejoras en la sintomatología compulsiva. Luego aplicamos la “violación” progresiva y el “aplazamiento del ritual”, hasta la extinción total del trastorno.

La terapia acabó once meses después de la primera sesión; en realidad, fueron dos terapias y no una. En nuestro último encuentro, el hombre declara que ha decidido alquilar sus dos casas venecianas y trasladarse al extranjero. Seis meses más tarde, recibo una carta del profesor desde San Francisco, en la que me cuenta que se ha establecido en aquella ciudad y que ha encontrado un trabajo como profesor de italiano en una prestigiosa escuela de idiomas, y me da las gracias por haberlo ayudado a salir de aquella terrible situación.

También escribe que el dolor por la pérdida de su madre todavía sigue vivo, pero sin el desgarrador sentimiento de culpabilidad del pasado. Me habla también de su amargura an enterarse de que a los tres alumnos se los había castigado con una simple expulsión temporal. Su abogado consiguió demostrar que la única culpa de los muchachos, ignorantes de la situación personal del profesor, había sido gastarle una broma pesada.

(Extraído de aquí)

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