Artículos destacadosMiedos, fobias y pánicoTerapia EricksonianaMiedo a conducir

Erickson resolvió el miedo a viajar que padecía un joven, quien insistía en que solo quería resolver ese único problema.

Solo le era posible conducir un automóvil en ciertas calles, y no podía hacerlo fuera de la zona urbana. Si llegaba al límite de la ciudad, le sobrevenían náuseas y después de vomitar se desmayaba. Conducir con amigos no constituía ninguna ayuda. Si seguía adelante, no hacía más que recobrarse y entonces volvía a perder el sentido.

La prescripción

Erickson le pidió que condujera hasta el límite de la ciudad a las tres de la madrugada del día siguiente, vistiendo sus mejores ropas. Era una carretera sin tránsito, con amplias banquinas y una zanja de arena que corría a lo largo. Cuando el joven alcanzara los límites de la ciudad, debería estacionar a un costado, saltar de un auto y correr hacia la zanja, de escasa profundidad. Ahí debía tenderse no menos de quince minutos. Entonces tenía que regresar al automóvil, avanzar una distancia equivalente a una o dos veces el largo del vehículo, y volver a tenderse otros quince minutos. Repetiría esto una y otra vez hasta que pudiera conducir desde un poste telefónico hasta el siguiente, deteniéndose al primer amago de cualquier síntoma y pasando quince minutos de espaldas en la arena.

Bajo protesta, el joven siguió el procedimiento. Posteriormente informó:

Pensé que lo que usted me hacía hacer era una idiotez, y cuanto más lo hacía más me enloquecía. Así que abandoné y empecé a disfrutar conduciendo el automóvil.

Trece años después, sigue conduciendo sin problemas.

Cómo hacer que obedezcan

Es una característica de Erickson dirigir a la gente para que se comporte de una manera determinada.

Muchos terapeutas son reacios a decirle a la gente qué debe hacer -en parte porque temen que no lo hagan-, pero Erickson ha desarrollado una variedad de métodos para persuadir a la gente de que lleve a cabo lo que él dice (…)

Los pacientes quieren que yo quede en la deslucida posición del que fracasa con su orden. Por ende, tienen que mantenerme activo dándoles órdenes.

Si en el momento apropiado dejo de darles órdenes, me sustituyen y hacen las cosas por sí mismos.

Pero no reconocen que me están sustituyendo.

 

(Extraído de aquí)

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