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La anorexia es el trastorno alimentario más claramente perturbador, porque cuando se manifiesta lo hace de manera opuesta a la lógica del sentido común: ¡dejar de comer hasta incluso alcanzar la muerte!

Para explicar las patologías alimentarias contamos con miles de teorías: desde la freudiana, según la cual proceden de traumas sexuales vividos en la infancia, a las que las consideran fruto de disfunciones biológicas y genéticas o de relaciones intrafamiliares morbosas.

Más allá de estas disertaciones teóricas sobre su origen, lo importante es destacar el hecho ya demostrado de que es posible recuperarse de estas patologías en tiempo breve.

Cómo surge

Pero, ¿cómo surge la anorexia? La primera característica de la anorexia es su aparición gradual y no de manera traumática, a través de un proceso de una cada vez mayor abstinencia alimentaria que lleva a un total rechazo de la comida.

Este proceso gradual se genera habitualmente por la exigencia de no engordar o de adelgazar para adecuarse a los modelos de belleza socialmente avalados. Después de un tiempo, esta tendencia se alimenta sola, es decir, pese a que la delgadez excesiva de nuevo aleja a la anoréxica de los cánones de belleza, debido a que la patología ya se ha asentado y ha modificado las percepciones y la propia capacidad de juzgarlas idóneas o equivocadas. Por tanto, adelgazar se convierte en el objetivo principal pese al choque con la tan valorada opinión de los demás.

La tendencia a la abstinencia entonces comienza a invadir otros ámbitos, donde también se anula la posibilidad de sensaciones agradables. Es así como comienza un progresivo aislamiento social y la cancelación de actividades placenteras. Las sensaciones comienzan a producir miedo y el individuo afectado se coloca una armadura abstinente que lo protege a la vez que lo aprisiona. Ya no es una intención de no comer, es un terror y una compulsión irrefrenable por evitar la comida.

Trampa y solución

La trampa que la persona se ha construido está demasiado bien forjada y ya no consigue salir sola de ella. Esto provoca la consiguiente reacción en los demás, que a menudo resultan fuertemente contraproducentes: intentos de convencimiento racional, forzar a comer, etc. Los familiares acaban por producir, con las mejores intenciones, los peores efectos: solo conseguirán con estos métodos que se hunda más en el interior de su jaula. Por desgracia, no basta la buena intención, es necesario ser estratégicos.

La solución a este problema exige la capacidad de asumir la lógica, aparentemente absurda, de la persona anoréxica, sintonizar con ella a la hora de intervenir y ser capaz de influir sugestivamente sobre el sujeto y los familares, especialmente cuando el trastorno ha llegado ya a su máxima expresión patológica y de resistencia al cambio. La anorexia es uno de los tipos de patología que pone a prueba duramente la capacidad del terapeuta. “No existen pacientes imposibles sino únicamente terapeutas incapaces”, decía el genial Don Jackson, fundador del Mental Research Institute de Palo Alto.

La reactivación del placer

La finalidad del terapeuta será la de crear una primera hendidura en la armadura-prisión del afectado, de tal modo que vuelva a reingresarse en el mundo de las sensaciones del que se ha protegido obsesivamente. La reactivación del placer, aunque mínima y controladísima (por el propio paciente) en un primer momento, acabará generando espontáneamente un cambio de tipo avalancha que lo terminará sacando de su prisión.

Sea cual sea el tipo de anorexia (crónica, juvenil, sacrificante, etc), la finalidad última, aunque no el protocolo de actuación, que deberá adecuarse explícitamente, será la de recuperar las sensaciones conforme desaparece el miedo a experimentarlas, eliminar la armadura para eliminar la rígida prisión que esta supone.

Como ya he comentado en otros artículos de este blog, no podemos vivir sin el placer , y como señala San Agustín , la verdadera dificultad no está en la abstinencia sino en la moderación. 

Encontrar el término medio, flexible y elástico,  de nuevo, es la clave para liberarnos de la rigidez patológica y recuperar la salud.

Para profundizar más lee "Más allá de la anorexia y la bulimia" y 
"Las prisiones de la comida" de Giorgio Nardone.

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