"El miedo a decidir"Fobia social, paranoia y deliriosMiedos, fobias y pánicoTerapia Breve Estratégica

Otra frecuente confusión terminológica que puede inducir a interpretaciones erróneas es la que se refiere a la definición de angustia. Estar angustiado es bien distinto de estar ansioso; mientras la ansiedad se convierte en patológica por exceso, la angustia es un estado de malestar que nunca supone un estado de activación positiva. En cuanto a la sintomatología, se trata de un estado de expectativa negativa respecto a los eventos futuros, y no solo de un hipotético pesimismo, sino de la certeza de que las cosas irán a peor sin posibilidad de intervención.

La angustia

Otra condena mitológica: la de SísifoEl angustiado es aquel que siente estar sufriendo una condena de la que no puede escapar y vive en un estado de opresión en la espera de que esta se realice. El sentimiento de impotencia hace aún más trágica la expectativa, haciendo al sujeto impotente y llevándolo a crisis depresivas. No por casualidad el constructo clínico de angustia encuentra en el existencialismo filosófico su definición de inevitable condición humana frente a la impotencia del azar y la muerte. La angustia existencial deriva del enfrentamiento, normalmente perdedor, entre el individuo y su existencia limitada sin posibilidad de cambio. Desde siempre el hombre ha elegido la manera de evitar tal enfrentamiento: desde la fe religiosa a los autoengaños más refinados.[]

La sintomatología correspondiente más frecuente de la angustia es un estado depresivo y una sensación de opresión constante, con frecuentes efectos psicosomáticos y alteraciones del sueño. También en este caso la solución del malestar no puede residir en una sedación de los efectos fisiológicos, sino en un cambio en la percepción de la condena que el sujeto vive. Además, en estos casos la sedación limita los síntomas e inhibe los recursos del sujeto, iniciando un círculo vicioso patológico: estoy mejor, pero me siento aún más incapaz porque están anuladas mis reacciones. Nunca infravalorar, como dice el sabio, que “solo quien se rinde está ya derrotado“.

(Extraído de aquí)

El miedo a decidir

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