Artículos por librosEn italianoPublicacionesTerapia Breve EstratégicaTrastornos sexuales y de parejadesamor

Emanuela es lo que podría considerarse una mujer con clase (…) Su relato comienza con lo que ella define como una crisis matrimonial profunda: “Eduardo y yo estamos casados desde hace diez años y desde hace seis, justo desde el nacimiento de nuestro único hijo, no hemos tenido más relaciones sexuales” (…)

En el fondo siente una profunda rabia hacia Eduardo, al que considera responsable de la total ausencia de atenciones respecto a ella. “No me reserva jamás una caricia, ni una mirada maliciosa, nada que me haga sentir objeto de su deseo. Me siento más transparente que un florero”.

Además, admite haberse puesto muy celosa con su marido en el último tiempo y que estos celos son causa de acaloradas discusiones. Eduardo la acusa a gritos de paranoica (…)

“A mí nunca me ha interesado mucho el sexo, probablemente siempre me he sentido más atraída por el ideal del amor romántico y la construcción de la familia. Pero me falta la ternura y la efusión, los besos y los abrazos” (…) Emanuela describe así un cuadro en el cual la sexualidad ha estado siempre en un segundo plano: pocas relaciones sexuales consumadas de manera bastante standard, sin picardía ni seducción. Desde su punto de vista, les iba bien a ambos así. Pero tras la llegada del hijo todo se apagó (…)

Al inicio, debido a la novedad y el cansancio de ser madre, había olvidado completamente la sexualidad (…) Solamente tras pasar un año así es cuando se dio cuenta del tiempo que llevaban sin intimidad.

Desamor y celos

“Nunca me he sentido una seductora, esperaba a que Eduardo tomara la iniciativa, pero sí que he buscado el contacto a través de besos y abrazos. Para mí era suficiente tenernos cogidos de la mano y dormir el uno junto al otro. Pero ya no hay nada de eso entre nosotros, ningún tipo de contacto ni deseo” (…)

“Cuando he intentado sacar el tema me ha dado excusas como el cansancio o las preocupaciones del trabajo. Todo esto me ha inducido cada vez más a prestar atención a cómo se comunica con otras mujeres” (…)

Cada vez que Emanuela percibe lo que llama señales de interés por alguna otra (…) empieza a rumiar obsesivamente con el hecho de que la pueda traicionar (…)

“Cuando por la noche nos encontramos después de trabajar (…) yo comienzo el interrogatorio sobre una posible atracción por otras mujeres, interrumpido por él con rabia furiosa y acusaciones de ser yo la que fomenta los delirios irreales y malsanos”.

Le decimos a Emanuela: “Lamentablemente con el tiempo, particularmente en las relaciones largas, la atracción y el deseo pasional se modifican. Se trata de un proceso inevitable, (…) el único modo para mantener vivo el deseo es cultivándolo adecuadamente. Tu rabia y tu frustración son comprensibles, pero debemos decirte que también son poco atrayentes” (…)

Prescripciones para la rabia y los celos: el monstruo de ojos verdes

Epistolario de la rabia

Dada la enorme rabia declarada, damos a Emanuela la prescripción del epistolario de la rabia: “Todas las veces en las que Eduardo tenga uno de los comportamientos que tanto te enfadan, deberás coger lápiz y papel y poner por escrito toda la cólera de mujer insatisfecha, todo el veneno que te intoxica con la idea de tu marido en la cama con tus amigas, sacándolo y vomitándolo negro sobre blanco, hasta que te sientas liberada. En ese punto deberás firmar y, evitando releer, guardar la carta dentro de un sobre. La próxima vez nos traerás todos las cartas en sus sobre, con el veneno que has escrito”.

Cómo empeorar

Además, le pedimos que todas las mañanas se haga la pregunta de cómo empeorar (…) su problema, en lugar de resolverlo. Nos traerá todas las respuestas (…)

El cómo empeorar ha evidenciado su continuo intento de controlar a su marido y su necesidad persistente de ser tranquilizada por él con respuestas a sus preguntas inquisitoriales. Reestructuramos a Emanuela el hecho de que si continua buscando ser tranquilizada por Eduardo, cada vez será menos capaz de hacerlo por sí misma, aumentando por tanto así su propia inseguridad, en un perverso círculo vicioso. Nuestra intervención tiene el objetivo de conducirla con dulzura a interrumpir sus preguntas, tanto para facilitar la construcción de una mayor seguridad en sí misma como para permitir la construcción de una relación de pareja más funcional (…)

Escribir los pensamientos e imágenes de los celos

Le recordamos a Emanuela que ponerse celoso significa nombrar al sucesor de uno mismo. Además, le prescribimos la escritura, cuando lo necesite, de todos los pensamientos e imágenes de celos que le violenten la mente durante el día. “Cada vez deberás coger lápiz y papel y escribir bajo dictado todo lo que tu alma sufriente te sugiera, porque, como ha escrito Shakespeare en Otelo: los celos son un monstruo de ojos verdes que se divierte con la vianda de la que se nutre”.

Resultados

“Los celos creo que se me han ido del todo, pero siento una insatisfacción profunda. Esta relación es mucho más fría de lo que yo siempre he deseado” (…) Le decimos a Emanuela que en las relaciones amorosas, cuanto menos se hace el amor menos ganas se tienen de hacerlo, y cuando se instauran estos círculos viciosos, con un persistente y recíproco evitamiento de todo lo relativo a la esfera erótica y sexual, es como si se construyese un muro de inseguridad y temor entre los dos. Un muro difícil de abatir pero, como a menudo sucede, suceptible de infiltraciones capaces de debilitarlo y hacerlo caer sobre sí mismo.

En este punto proponemos a Emanuela que intente buscar el contacto físico con su marido, saliendo de la posición rígida del que espera pasivamente un movimiento del otro y actuando activamente para desencadenar un pequeño cambio. El objetivo no será necesariamente el de tener una relación sexual completa, sino el de descubrir una afectividad antes, y una sexualidad después, que permitan despertar una sexualidad convertida ya en fuente de vergüenza y distancia (…) Emanuela asegura que puede intentarlo.

Una experiencia emocional correctiva: no siento deseo por él

Nos cuenta luego haberlo intentado en varias ocasiones, y después de la frustración inicial de sentirse rechazada, se ha dado cuenta de que no siente ninguna atracción por él (…) Lo que la empujaba a buscar una cercanía era más la idea de volver a hacer el amor con él porque es lo que una mujer hace con su marido, más que un deseo sexual real por él.

Ambos se han confesado que no sienten ninguna atracción física el uno por el otro. Este amargo descubrimiento los ha conducido a diferentes conciencias:

Eduardo ha decidido quedarse con Emanuela, archivando su vida sexual, (…) concediéndose de vez en cuando la libertad de satisfacer sus exigencias sexuales con otras personas.

Emanuela afirma que no se quiere contentar con una vida de pareja privada de contacto (…), dice estar preparada para afrontar el tema de la separación.

Hemos visto a Emanuela durante algunos meses, con el objetivo de ayudarla a gestionar emotivamente la situación de separados en casa y facilitar la gestión del hijo.

(Extraído y traducido de aquí)

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